No vengas con manos inquietas en la madrugada. En esa maldita oscuridad que sabe a gris
no puedo amarte como quieres que te ame, todo es antiguo y tenebroso, así no.
Mejor vete de día, con la luz del sol pegada a tus labios y la pomposa calma de la tarde
reflejada en tu mirada. Ahí podre saber que eres tú, que continúas siendo tú. No vengas
con intensiones traviesas en mis horas de insomnio donde solo soy dueño de la noche
y de mis poemas color soledad.
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