Pesaban el mismo cuerpo unos minutos
después de morir.
Una simple sustracción matemática
debía indicarles el peso del alma.
Pienso en ello, ahora, mientras
sostengo el libro nuevo entre las manos,
las palabras todavía untuosas como las plumas
de un pájaro recién nacido.
Y me pregunto si, una vez leído,
también pesará menos.
Como un cuerpo cuando pierde el alma.
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